Por Inés de Sautu
La oposición es un bloque casi consolidado, pero nunca cerrado definitivamente. Hay diversos partidos que la conforman: desde la izquierda más radical, encabezada por el Partido Obrero, hasta la derecha más liberal, representada por el PRO. A lo largo de la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner se fue consolidando cada bloque por su parte pero, sin embargo, algo los une: el ser opositores al oficialismo.
En determinadas ocasiones, la oposición influyó. Un claro ejemplo fue la concientización que logró Proyecto Sur, el partido liderado por Pino Solanas, para evitar la promulgación de la Ley de Minería a Cielo Abierto.
Sin embargo, cuesta destacar los aciertos del sector que está contra el kirchnerismo. Luego de las elecciones primarias, repararon, debido al favorable resultado logrado por el oficialismo, que ya no podían ganar la presidencia, ninguno de los partidos. Algunos, como la Unión para el Desarrollo Social, que tiene como candidato a Ricardo Alfonsín, todavía siguen en campaña; sin embargo, otros sólo pretenden conseguir mayor cantidad de diputados electos de su partido.
Sin reparar en la proximidad de las elecciones, los partidos opositores repararon demasiado tarde y no presentaron ningún proyecto presidencial serio. En cambio, comenzaron a hacer alianzas entre ideologías que, se supone, son completamente distintas, como es el caso de Alfonsín-De Narváez.
Quizás es por ello que de cara al domingo 23 se encuentren con porcentajes muy bajos de representación. Quizás esto suceda debido a que lo que hicieron positivamente no ha sido difundido o notado y sus errores sí. O quizás no pueden hacerle frente a este gobierno. Lo importante es que estas suposiciones se resolverán en las urnas y allí veremos qué tuvo mayor importancia, si las fallas o los aciertos.
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