Por Ericka Díaz
El martes a las 18.30, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) cerraba su campaña en la Asociación Italiana Unione e Benevolenza, con la ilusión de llevar al Congreso a algunos de sus candidatos a diputados. Ese sueño de la alianza entre el Partido Obrero y otras agrupaciones nació de los casi 530 mil votos obtenidos en las elecciones primarias de agosto. “El resultado no puede verse como un milagro” -aseguró Christian Castillo, candidato a vicepresidente-, sino como la consecuencia de las luchas que los posicionaron como un polo político “claramente de izquierda y anticapitalista”.
La exitosa formula “un milagro para Altamira” (que parafrasea el título de la película Un milagro para Lorenzo), parece haber salvado a la agrupación de la “muerte” que significaba no superar el piso del 1,5% de votos en las primarias y quedar fuera de las elecciones presidenciales de octubre. El slogan se le ocurrió al periodista Jorge Rial, al descubrir que el número de sus seguidores en Twitter duplicaba la cantidad de votos que necesitaba José Wermus para no quedar afuera. Wermus es el apellido con el que nació el candidato a presidente del FIT y que mantuvo hasta ser legalmente nombrado Jorge Altamira para escapar de la represión política en los años ´60.
La solución milagrosa que esperan ahora es que ingresen diputados de izquierda al congreso, por lo menos Néstor Pritrola, desde la provincia de Buenos Aires, y Gabriel Solano, desde la Capital Federal. “Serían una voz disonante en un Congreso monocorde”, aseguró Castillo
“Somos la única fuerza que no tiene ambigüedad”, sostienen y arremeten con ideas fuertes como el derecho al aborto, la nacionalización de los servicios privatizados o la formación de un partido que una a todos los trabajadores. Con esta propuesta pretenden seducir a los votantes del Proyecto Sur, a los que piensan que Binner es demasiado tibio y a los kirchenristas que quieren empujar el mapa político hacia la izquierda.
¿Fantasía o realidad? La respuesta a este interrogante se sabrá después de las elecciones del
domingo. Por ahora la izquierda, aunque atea, sigue “rezando” por otro milagro para Altamira.
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