martes, 18 de octubre de 2011

Elige tu propio peronismo


Por Laura Serkin

En la Argentina hay muchas cosas que se pueden explicar: quién fue Perón, qué significó Evita para las clases sociales más bajas del país y por qué ambos fueron tan importantes en la historia. Pero lo que es imposible de entender es por qué tantos políticos se empeñan en defenderse utilizando como último recurso el “soy peronista”, como si esa fuera una expresión mágica para obtener mayor cantidad de votos o si eso les brindara inmunidad política.

En uno de sus recorridos por el conurbano bonaerense se le oyó decir a Francisco de Narváez: “Soy argentino y peronista”. Por su parte, Duhalde ha manifestado en varias oportunidades que él no es ni de derecha ni de izquierda sino peronista ubicándose más allá del arco político.

En una conferencia de prensa en el 2010, Pino Solanas dijo: “Soy el heredero del peronismo”. Y agregó: “Acá hay mucho disfrazado que en nombre de Perón, vendieron el corazón y las ideas de este movimiento”. Durante el gobierno presidido por Carlos Menem, también autodesignado peronista, se vendieron los recursos nacionales, se flexibilizó el trabajo y se privatizaron los sistemas jubilatorios.

También están el Perón y la Evita del siglo XXI, encarnado nada más y nada menos que por el matrimonio presidencial de Néstor y Cristina Kirchner. Si se toma como modelo del peronismo real el gobierno de los 90, claro está que nada tiene que ver con el país que proponen los K. desde hace ocho años. Se han vuelto a estatizar las cajas de jubilaciones, la aerolínea de bandera y se ha implementado la asignación universal por hijo, entre otras medidas populares.

Como dice Martín Caparrós, en su texto Definición de "peronismo", los herederos del movimiento son como la línea 60 de colectivos. Todos tienen el mismo color, el mismo número, pero van a diferentes lugares.

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